Asma y las actividades subacuáticas


Continuando con los temas de las ediciones anteriores, relacionados al manejo del Asma en condiciones ambientales extremas; en esta edición, hablaremos sobre las actividades subacuáticas como el buceo deportivo, uno de los deportes que ha cobrado mayor auge en los últimos años.

Para su práctica no se requiere una condición física excelente, pero sí unos buenos conocimientos sobre la adaptación del cuerpo a la profundidad y las modificaciones que se producen durante la inmersión. El buceador, ya sea deportivo o profesional, debe mantenerse siempre alerta y evaluar sus sensaciones internas y lo que sucede en su entorno, para responder ante cualquier situación de emergencia que pueda presentarse.

Las actividades subacuáticas comprenden 2 modalidades: en apnea y con el uso de compartimientos que contienen aire a presión (Self Contained Underwater Breathing Aparatus, SCUBA).

En ambos casos, las evaluaciones previas para quien desea practicar este deporte, además de una buena historia clínica, deben hacerse algunas pruebas de función pulmonar como la espirometría para conocer los procesos que limitan la elasticidad pulmonar, como el asma, fibrosis, EPOC y las enfermedades pleurales.

El buceo puede provocar un accidente de descompresión por aumento de la presión intratorácica, al experimentar una compresión en el descenso y un aumento de la presión interna en la ascensión, que no podría compensarse debidamente. Por esta razón, las reglamentaciones no permiten a una persona con asma, obtener la licencia de buceo sin evaluación y autorización del médico especialista; de acuerdo a las Normas de la Recreational SCUBA Trainning Council (RST), organismo que regula los estándares de los cursos de Buceo en Panamá.

Por otro lado, que en el mundo hay un gran número de individuos con el certificado de buceador, incluso profesional, que presentan o han presentado asma en algún momento de su vida.

Sin embargo, una situación estable antes de la inmersión no es una razón para considerar que no existe riesgo. La ansiedad, la hiperventilación, el aire seco respirado de la botella y enfriado por la profundidad, el inevitable paso de agua salada en un momento u otro de la inmersión hacia el aparato respiratorio pueden ocasionar una crisis.

De tal manera que el riesgo es doble; por un lado, la crisis de asma, y por otro, un accidente por sobrepresión pulmonar; además, no hay evidencia científica suficiente que sustente que el buceador con asma sea más susceptible que otros.

Por lo tanto, tomar en cuenta algunos aspectos importantes, serían de ayuda:

• Mantener buena condición física.
• Controlar el asma (valores de flujo espiratorio por arriba de 80%, ausencia de síntomas).
• Tomar la medicación preventiva.
• Monitoreo de factores desencadenantes
• Si un asmático decide practicar el buceo deportivo, debe tener en cuenta que su seguridad revierte y afecta a la integridad de sus compañeros de inmersión, por lo que ante cualquier sensación anormal durante la actividad debe tomar la decisión adecuada con prudencia y tranquilidad, por el bien de todos.

LICDA. ZULAY BUSTAMANTES