Myriam Fernández Ortega
Doctora en Nutrición
Maestría en Bioquímica

El calcio es el tercer metal más abundante en la corteza terrestre y en el ser humano adulto, constituye el 1 – 2% del peso corporal; el 99% forma el cristal de hidroxiapatita de los dientes y huesos. Por eso el esqueleto, además de formar la estructura corporal, es una reserva de calcio.

Los huesos se renuevan continuamente mediante el reemplazo del viejo tejido óseo por otro nuevo. Durante la pubertad y la adolescencia hay mayor retención de calcio porque la tasa de formación de nuevo tejido óseo supera a la de destrucción. De esta forma, en los primeros 20 años de vida se alcanza el 95% de toda la masa ósea. A partir de los 30, aumenta progresivamente la pérdida de tejido óseo y el reemplazo es lento.

El consumo de Ca es vital en todas las etapas del ciclo vital. Para un adulto sano, de actividad física moderada, la recomendación es de 1200mg diarios. Pero no es sólo la cantidad, la calidad del calcio que se consume es fundamental. Aunque sea el mismo mineral, el acompañante que lleve y el ambiente en el que se encuentre, harán que el calcio sea de buena o de mala calidad nutricional.

La calidad nutricional de un nutriente está determinada por la capacidad de utilización del mismo en el organismo. La primera prueba de calidad está a nivel de la absorción. Si no se absorbe, no llega a las células y no podrá ser utilizado.

En el caso del calcio, la absorción ocurre en el yeyuno por 2 mecanismos, uno dependiente y el otro independiente de la vitamina D y la absorción es mayor cuando aumenta la demanda, como en casos de deficiencia, durante el crecimiento, el embarazo y lactancia y disminuye con el envejecimiento.

Pero aun cuando el organismo esté preparado para aumentar la absorción, la presencia en el alimento fuente de calcio o en alimentos que se consumen junto al alimento fuente de calcio, de inhibidores como fibra dietética, oxalatos, fitatos o taninos, dificultarán la absorción de calcio a nivel intestinal, independientemente de cuánto calcio contenga el alimento.

La biodisponibilidad es más importante que el contenido de calcio. Los productos lácteos ( leche de vaca o de otro animal) siguen siendo las mejores fuentes de calcio, no sólo por su contenido, si no porque es el que mejor se absorbe. Hay calcio en hojas verdes comestibles, en cereales y leguminosas pero su contenido en oxalatos, fitatos y taninos disminuyen su biodisponibilidad.

Identificar el contenido de calcio en los alimento es el primer paso y reconocer los acompañantes del calcio es el segundo paso determinante para asegurar una adecuada ingesta y evitar “comer, pero no absorber” un calcio de cuestionable calidad nutricional.

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