El prematuro tardío: ¿Llegó su momento?


Nacen anualmente 15 millones de prematuros. Sólo en Estados Unidos 1 de cada 8 nacimientos corresponde a un recién nacido pretérmino. Cada 30 segundos muere un prematuro, contribuyendo a una cifra de un millón de defunciones a nivel mundial. Un tercio de los sobrevivientes de las unidades de cuidado intensivo neonatal tendrán algún trastorno del neurodesarrollo, el 22 % desarrollarán algún tipo de discapacidad y las cifras continuarán en aumento según lo observado en las estadísticas.
Del número total de prematuros en nuestro medio, entre un 70-80%, según el hospital, corresponden a nacimientos entre las semanas 34 a 36 de edad gestacional y esta población es la llamada prematuros tardíos: un grupo de niños muy cerca del término, pero con importante inmadurez neurológica, respiratoria y metabólica, con un alto riesgo de necesidad de hospitalizaciones en Neonatología.
Las causas obstétricas que generan la interrupción del embarazo en este periodo de las 34 a 36 semanas son múltiples y diversas; pero indudablemente influyen dos factores: los protocolos de atención de diversas patologías obstétricas y los datos de alta sobrevida en estas edades gestacionales en nuestro medio. Estas dos variables, producen un aumento importante de los casos, ya que se estima el riesgo-beneficio en relación a morbilidad y mortalidad materna.
Esto genera en 5 veces mayor riesgo para el prematuro de mortalidad neonatal temprana, 6 veces mayor riesgo de mortalidad neonatal tardía, 4 veces mayor riesgo de mortalidad en el primer año de vida y un número superior de hospitalizaciones en las salas de reingresos cuando comparamos esta población con el grupo de recién nacidos de término.
En nuestro país, los factores que afectan la sobrevida de esta población son: el hacinamiento de las salas neonatales, la falta de insumos y equipos adecuados especialmente en los hospitales de segundo nivel, la falta de personal, la disponibilidad de medicamentos de calidad y la falta de actualización de los profesionales de la salud. A pesar de grandes inversiones económicas en nuestro Sistema de Salud, los resultados no son palpables porque las decisiones en este tema han tenido matices políticos y económicos. Donde ganan los oferentes que ofrecen los precios más bajos, sin ponderar el criterio técnico y las observaciones de los profesionales que laboran en las distintas regiones de salud. Un país donde impera la falta de planificación de los recursos y mala distribución de los mismos para dar una adecuada respuesta a las necesidades de salud perinatal.
Hay luz al final de este panorama sombrío. Existe la estrategia obstétrica de no interrupción del embarazo antes de la semana 38; con el objetivo de evitar prematuridad iatrogénica por un error de amenorrea y de esta manera; reducir los nacimientos de prematuros tardíos. La segunda estrategia, es sobre la administración de corticoides prenatales en las embarazadas con patología obstétrica e inminente necesidad de interrupción del embarazo entre las semanas 34 a 36 (por encima de la recomendación conocida por todos) y de esta manera reducir las hospitalizaciones en neonatología, la necesidad de asistencia respiratoria y reducción de la mortalidad en este grupo de neonatos, de acuerdo a una publicación en el New England Journal of Medicine de abril 2016 con más de 1000 pacientes.
¿Pasarán nuevamente 20 años antes del inicio de la aplicación de esta estrategia? como ya ocurrió, con el uso de corticoides sistémicos en los embarazos pretérmino entre las semanas 24 a 34. Nuestros prematuros esperan.

Dr. Martín A. Lasso B.
Pediatra- Neonatólogo