Los 7 Hábitos en la Atención Efectiva del paciente con Vértigo

Los 7 Hábitos en la Atención Efectiva del paciente con Vértigo

“Afilar la sierra”
“Eduque, oriente al paciente y grupo familiar”

Afilar la sierra es usar la capacidad que tenemos para renovarnos física, mental y espiritualmente. Es lo que nos permite establecer un equilibrio entre todas las dimensiones de nuestro ser, a fin de ser efectivos en los diferentes papeles (roles) que desempeñamos en nuestras vidas. Así lo expresa el Dr. Covey en su propuesta “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”.

Nosotros con el séptimo hábito, nos referimos a permitirnos un espacio para la reflexión conjunta, con el paciente y sus familiares acompañantes. Es esa instancia de cierre del proceso de atención efectiva al paciente con vértigo donde hacemos recomendaciones para enfrentar nuevos episodios de inestabilidad. Esto para brindar seguridad y evitar el pánico asociado en algunos pacientes. Advertimos sobre situaciones “normales” en la evolución del proceso de compensación vestibular, para contribuir a su bienestar. Hacemos sugerencias para el manejo de los síntomas asociados. Y brindamos la oportunidad para aclarar cualquier duda a través de un diálogo cordial.

Con esto finalizamos este ciclo donde hemos transitado un camino desde el abordaje inicial al paciente con vértigo hasta su seguimiento, pasando por las fases diagnóstica, clínica y paraclínica, y terapéutica, haciendo énfasis en la necesidad de un trato humanizado del paciente en su conjunto.

Recuerde:

  1. Escuche con atención: para brindar seguridad y con la escucha activa ya estaremos ofreciendo calma al “mundo en movimiento desordenado” que está sintiendo el paciente.
  2. Obtenga los datos clave: para ir decantando de acuerdo a los síntomas de presentación, cuál es el elemento fisiopatológico desencadenante y aproximarnos al diagnóstico topográfico.
  3. Reconstruya la enfermedad actual: es darse de un tiempo para analizar el complejo sintomático que narra el paciente, organizar las ideas y “armar el puzzle” para orientar el diagnóstico, de manera que al examinar al paciente ya tengamos una hipótesis de la patología muy próxima a la realidad.
  4. Sistematice el exámen físico: para pesquisar cualquier alteración, por pequeña que esta sea y buscar alteraciones que sospechamos desde el interrogatorio.
  5. Solicite las pruebas complementarias con criterio: porque son específicos aquellos que ayudan verdaderamente al diagnóstico etiológico y funcional para decidir la conducta terapéutica.
  6. Instaure tratamiento integral: con una visión global del paciente. Desde su aspecto emocional que se ve perturbado por el trastorno del equilibrio hasta el aprendizaje de una vida feliz con las “heridas” en el sistema vestibular.
  7. Eduque y oriente: al paciente y al grupo familiar para brindar confianza y seguridad en las eventuales recurrencias de episodios similares y para empoderar al paciente para que asuma con responsabilidad su proceso espontáneo o dirigido, de rehabilitación.

Y recuerde el viejo adagio que es muy válido en el paciente con vértigo:

“Curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre”

Además, una tarea a tener presente para ejercicio pleno de la medicina, desarrollarnos con efectividad en todos los roles que desempeñamos en nuestras vidas y establecer un equilibrio entre todas las dimensiones de nuestro ser, sería proponerse:

“Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”.
Santa Teresa de Calcuta

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