Obesidad y daño renal


Para el año 2014 más de 600 millones de adultos (mayores de 18 años) en el mundo eran obesos. Es muy conocida la asociación entre obesidad e hipertensión arterial crónica, diabetes y cáncer. Sin embargo, la obesidad es un potente factor de riesgo para el desarrollo de enfermedad renal, en particular la enfermedad renal crónica. Lo bueno de todo esto es que la obesidad y la enfermedad renal crónica son largamente prevenibles.

Durante las últimas tres décadas la prevalencia de sobrepeso y obesidad en adultos se ha incrementado sustancialmente. Para el año 2013-2014 en USA, la obesidad en hombres adultos fue de 35% y en su similar de mujeres fue 40.4%. Además, la obesidad afecta a niños: también en USA, para el año 2011-2014 se encontró que la prevalencia a estas edades fue de 17%. Se espera que dentro de una década a nivel mundial la obesidad alcance un 40% de toda la población. Es decir que prácticamente de cada dos personas una será obesa.

Los elevados índices de masa corporal y obesidad han sido asociados con una progresión más rápida a enfermedad renal crónica en pacientes con enfermedad renal pre-existente. Es interesante, pero hay evidencias que la adiposidad visceral medida por tomografía computada se asocia con una mayor prevalencia de albuminuria en hombres, por lo que pareciera existir un rol directo de la adiposidad visceral en enfermedad renal crónica.

En general, la obesidad y los pobres resultados renales persisten luego del ajuste por posible influencia de los efectos cardiovasculares y metabólicos de la obesidad, como lo son la hipertensión arterial y la diabetes mellitus. La obesidad y sus efectos renales no sólo son una enfermedad renal crónica, también lo es con mayor frecuencia de nefrolitiasis y malignidades renales.

Los mecanismos por los cuales la obesidad empeora o causa enfermedad renal no se conocen o no están claros aún. El hecho es que la mayoría de los individuos obesos nunca desarrollan enfermedad renal crónica, lo cual sugiere que el solo peso no es responsable del problema renal. Es posible un impacto de la adiposidad directa al riñón o inducida por actividad endocrina. Esas posibilidades son inflamación, estrés oxidativo, metabolismo lipídico anormal, activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona o incremento de la producción de insulina o de la resistencia a la insulina.

Estrategias para el control del sobrepeso y la obesidad y evitar la enfermedad renal crónica son de las más importante en todo el mundo hoy día. Se han hecho llamados desde el punto de vista de salud pública para la intervención de la comunidad en cuanto a las estrategias que se deben hacer para prevenir y tratar la enfermedad renal crónica en estadios tempranos. El acortamiento de la esperanza de vida en las personas con enfermedad renal crónica son enormes, y los gastos en que incurren ellos, sus familiares, las aseguradoras y los estados son extremadamente muy altos.

Se ha demostrado en pacientes con sobrepeso u obesidad y diabetes, que cambios en su estilo de vida como restricción calórica, aumentos de la actividad física al compararlo con seguimiento rutinario y sólo educación sobre el tratamiento a la diabetes, se asocia a una reducción de la incidencia de enfermedad renal crónica en cerca de 30%. Además, revisiones sistemáticas recientes prueban que en pacientes obesos con enfermedad renal crónica las intervenciones que ayudan a reducir el índice de masa corporal, muestran reducción de la presión arterial sanguínea, de la hiperfiltración glomerular y de la proteinuria.

En resumen, la obesidad afecta a la población mundial en muchas formas. Las enfermedades renales, incluyendo la enfermedad renal crónica, nefrolitiasis y cáncer renal son influidas directa e indirectamente por la obesidad. La intervención de la población para el control de la obesidad puede tener beneficios en prevenir el desarrollo o retrasar la progresión de la enfermedad renal crónica. Debemos hacer un enfoque dirigido a la comunidad, para que se involucre en la prevención de estas enfermedades e insistir en el compromiso de prevención y ayuda por parte de los profesionales de atención primaria de salud.

Dr. Paulino Vigil-De Gracia