Selenio: Dos caras de una misma moneda

Selenio: Dos caras de una misma moneda

Myriam Fernández Ortega
Doctora en Nutrición.
Maestría en Bioquímica

El selenio es un elemento químico no metálico  y aunque el origen griego de su nombre alude a la luna, está presente en suelos y rocas de  la corteza terrestre desde donde  se incorpora a tejidos vegetales y animales como un micronutriente.

En la estructura de las selenoproteinas como las enzima antioxidantes glutatión peroxidasas y la  tiorredoxina reductasa, y de la  iodotironina desiodinasa entre otras, se encuentran selenocisteina y selenometionina, aminoácidos muy particulares en los cuales el átomo de azufre es reemplazado por el selenio.

Estas enzimas son algunas de las más de 30 selenoproteínas conocidas, y se les atribuye  una función importante en el mantenimiento de la homeostasis redox y en el metabolismo de las hormonas tiroideas.

Por ser elemento estructural  imprescindible en la formación de las selenoproteinas, la ingesta diaria de selenio resulta vital para todas las especies animales, incluído el ser humano. La cantidad necesaria es muy pequeña, apenas unos microgramos diarios  y por eso se le clasifica como micronutriente esencial o elemento traza.

La vía normal de ingreso del selenio al organismo es la alimentación, pero el contenido  en los alimentos es muy variable porque depende de la calidad del suelo donde éstos se cultivan.  Hay regiones en el mundo con suelos muy pobres en selenio cuya población presenta cardiomiopatía y osteoartropatía endémica.

Los resultados de estudios epidemiológicos indican una correlación inversa entre el selenio y la incidencia de enfermedad coronaria y algunos tipos de cáncer. Se observa una menor tasa de muerte por cáncer en regiones con suelos ricos en selenio. Estudios in vitro con niveles supranutricionales de selenio han demostrado sus propiedades anticancerígenas.

Existe un margen muy estrecho entre la ingesta deficiente y la ingesta tóxica de selenio. Para un adulto normal, la OMS recomienda entre 53μg/d y 60μg/d para mujeres y hombres respectivamente. El mínimo requerido para prevenir enfermedades asociadas a la deficiencia, es de apenas 19μg/d y el máximo que no se debe exceder, es de 90μg/d.

La suplementación en selenio resulta beneficiosa en casos de déficit comprobado, mediante análisis del contenido de este mineral en el cabello, o su concentración en plasma. En caso contrario, la suplementación puede conducir a una ingesta excesiva, que   llega a ser tóxica, con efectos desfavorables para la salud al aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, de melanomas y perturbaciones del sistema nervioso.

Una alimentación variada, con cereales, brócolis, ajos, cebollas y repollos carnes, pescados, huevos y lácteos, que asegure como mínimo una concentración de selenio en plasma de 122 μg/ L, hace innecesaria la suplementación y, por el contrario, resultaría peligroso por la toxicidad que conllevan las altas dosis diarias de selenio, a las que pueden estar expuestos muchos consumidores de suplementos dietéticos de venta libre, tan populares en la sociedad actual.

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